22 Jun, 2018

El fútbol de hoy, y en realidad todo lo que ahora conocemos, no se mece por las reglas que antes lo hacía. El mundo del dinero, del mercado, de lo rentable, ha terminado con muchas de las cosas que se realizaban por el mero placer de divertirse, entre ellas, en muchas ocasiones, también con el propio fútbol.

Aunque, y en palabras de Eduardo Galeano, “Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”.ronaldinho

 De unos años a esta parte no solo las cuentas de resultados de los equipos de fútbol parecen ser lo que son, sino que también los datos deportivos del club sobre sus jugadores parecen serlo. El control siempre ha dado seguridad al ser humano, siempre ha facilitado la adaptación, ha contribuido a facilitar la progresión desde una posición estable, y por qué no, en muchos casos ha coartado su libertad, eliminando en muchas ocasiones la espontaneidad de su movimiento en cuanto a su relación con el mundo, que es lo que le hace desenvolverse, y en definitiva lo que le hace ser.

Al fútbol ha llegado el afán de sistematizar. Se planifica (en ocasiones) intentando mostrar que es ciencia exacta, y sin embargo es uno de los deportes más imprevisibles. Conocemos muchísimos rituales en los que muchos entrenadores y preparadores planifican casi hasta los tragos de agua que un jugador tiene que dar a la botella antes de salir al campo. ¿No estamos añadiendo posibles elementos a los que culpar si el desenlace de nuestro propósito final no sale como habíamos esperado en base a nuestras premisas?, ¿Éstos son elementos que propiciarán una ventaja a nuestro futbolista o por el contrario un cimiento en el que apoyarnos nosotros mismos?

Aquel que piensa que lo tiene todo controlado es quizá, quien más lejos se encuentra de aquello a lo que se le pueda llamar control dentro de este deporte. Por supuesto nada ha de ser un caos y por supuesto también, debemos de adentrarnos dentro de una dinámica de trabajo, pero que sea aquella que no intente normalizar aquello que es imposible, porque luego nos podemos echar las manos a la cabeza cada vez que aparezca el de las gambetas.

Esos ¡locos bajitos! de la selección española, y ese F.C. Barcelona de Pep Guardiola enseñaron como cuando la libertad toma su máxima expresión dentro del contexto futbolístico, el caos que se genera siempre supera a la organización, porque el abanico de soluciones y de posibilidades sobrepasa los límites de cualquiera que piense que el fútbol es solo estructuración. No debemos olvidar que la pelota es redonda, lo que le otorga una aleatoriedad difícil de predecir, y que la mente de aquellos que expresan su libertad, su fútbol callejero dentro de un campo de fútbol, funciona como una pelota.

ROBERTO ARIAS

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física
y del Deporte. Entrenador Nivel 1. Máster
Preparación Física para el fútbol (Futbollab).
@FUTBOLDELACALLE 

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