22 Sep, 2018

El espectro futbolístico que hoy en día nos encontramos hace que se justifiquen numerosos posicionamientos acerca de lo que puede significar ese “jugar bien” que todo entrenador desea para su equipo. Expuesto desde numerosas posturas, principalmente desde la estrategia operativa que cada director lleva a cabo y como no, en función de si está amparado o no por los resultados.

Es curioso porque  en multitud de ocasiones encontramos planteamientos que estéticamente no agradan a la vista pero que sin embargo consiguen resultados en base al plan establecido, ya que lo han implementado a la perfección, diciendo que ese equipo ha jugado bien. Y en el caso contrario, cuando estéticamente un equipo gusta y pierde 3 – 0 rara vez alabamos ese plantel. Es cierto que no se puede jugar bien y perder siempre, ya que al final hay que conseguir resultados (fútbol profesional), pero si esto sucede es porque la elección del modelo o la implementación del mismo distorsiona por sí mismo la realidad o se establece en una postura lejana a la misma.

Por ello yo diría que hay muchas maneras de realizar un plan acorde al planteamiento de tu equipo, de manera perfecta, práctico y minuciosamente trabajado que hace que ese equipo desarrolle bien una idea potenciando sus fortalezas y disminuyendo sus dificultades, pero de ahí a jugar bien hay un trecho, ya que sin ser demagogos en base a los colores de cada uno, ¿Quién al imaginar a su equipo jugando bien no le otorga una visión estética?. La respuesta es muy sencilla: TODOS.

En este momento es preciso citar las siguientes palabras de Dante Panzeri: “Ganar, es obvio. Descontado. Jamás se hizo nada en la vida para perder. Pero además de ganar, que es cuestión asimismo implícita en jugar bien, en jugar mejor… ¿qué es jugar al fútbol?… ¿para qué jugamos al fútbol? Para una satisfacción artesanal que tanto puede ser personal, como de un conjunto de compañeros con los que nos vamos haciendo camaradas. Aunque terminemos haciendo del fútbol una máquina calculadora de pesos; un trabajo y sacrificio, como ahora mucho se menciona para justificar que no se juegue al fútbol; una actividad financiera; aunque lleguemos alguna vez a eso, es una sola la razón por la que jugaremos al fútbol cuando niños; por la que seguiremos jugando cuando adolescentes; por la que jugaremos como adultos: aquella satisfacción artesanal. Puesto que si ella no fuera la causa por la que jugamos, jamás nos elegirían para posteriormente “trabajar y sacrificarnos”.

Esa satisfacción artesanal es lo que vimos en el Real Madrid 0 – 4 F.C. Barcelona, pudiendo afirmar que lo que ocurrió en el Bernabéu fue jugar bien con mayúsculas. Atribuir esa visión estética al futbol es un paso más para continuar agrandando este deporte, en realidad siempre la tuvo, y por mucho que alguien la quiera omitir en el uso demagógico de su acervo futbolístico por unos colores, ésta siempre estará presente agradando absolutamente a todo el mundo. Los de Luis Enrique demostraron la mayor de las practicidades en un terreno de juego: el arte de engañar al contrario utilizando el balón. Lo llevaban de un lado para otro, pasando atrás para generar una superioridad, asociándose, fintando… fútbol total que encima te permite ser el más práctico de todos. Fueron los pases justos, en el momento justo para conseguir el gol en el preciso instante en el que había de producirse, sin rebotes  ni carambolas. Nunca (desde Pep Guardiola) un equipo convirtió un entorno tan cambiante como es un terreno de juego en algo tan estable, porque jugaron a eso que decía Panzeri, el arte del engaño, del imprevisto, artesanalmente, jugaron bien.

ROBERTO ARIAS

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física
y del Deporte. Entrenador Nivel 1. Máster
Preparación Física para el fútbol (Futbollab).
@FUTBOLDELACALLE 

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1 Comment

Pedro Arias 26/11/2015 at 7:41 pm

Buena reflexión como siempre,objetiva y precisa,siempre muy inteligente plasmando en el papel la pura realidad fuera de fanatismos odiosos.Enhorabuena.

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