10 Dic, 2018

A día de hoy, el fútbol está sufriendo una constante evolución que lo encamina hacia nuevas metodologías y nuevas perspectivas desde las que mirarlo. Como siempre, todo concepto o toda nueva idea, está sujeto a numerosos debates encauzados desde múltiples posiciones.

 Un concepto que a mí modo de ver marca el desarrollo de este deporte, es el concepto de Fatiga. Lo marca ahora y lo ha hecho siempre, pero como todo ha sufrido una evolución, y éstas nuevas metodologías  a las que nos referimos hacen de él algo clave para entender este complejo deporte que es el fútbol y su proceso de  entrenamiento.

  La fatiga ha sido siempre un proceso complejo que involucra todas las estructuras del futbolista,  y no me atrevo a  posicionarme sobre cuál de ellas actúa de manera más relevante. Resumiendo mucho, la definiría como ” El descenso del rendimiento del futbolista de manera integral a la hora de tener que desenvolverse en cualquier tarea que le requiera el juego, como consecuencia de acciones o requerimientos previos”. Ahora bien, a mi parecer,  la fatiga psicológica o a nivel mental, inhibe en un mayor grado cualquiera de las demás estructuras y provoca una mayor caída del rendimiento del futbolista con respecto al resto de estructuras, pues es la única que cuyo descenso evita la optimización de las demás.

Según el Dr J. R. Barnany (2002),  existen  diversos tipos de fatiga, que podemos clasificar de la siguiente forma:

  1. “Fatiga de origen psíquico, con un componente subjetivo evidente y notable, reflejo del estrés intelectual.
  2. Fatiga neurológica, con sobrecarga neuronal y de las vías y circuitos nerviosos. Denominada también Fatiga central.
  3. Fatiga directamente originada por la actividad muscular derivada de la práctica física, a niveles excesivos por su cuantía, duración o velocidad de ejecución. Ésta, a su vez y según la duración y la afectación general del organismo, se divide en cuatro modelos no excluyentes entre sí:

 – Fatiga local, con afectación de un territorio muscular concreto  directamente implicado en la ejecución del trabajo.
– Fatiga general, en la que las manifestaciones de la fatiga alcanzan al organismo en su conjunto. Grandes  masas musculares.
– Fatiga aguda, desarrollada en períodos de tiempo cortos desde el inicio del esfuerzo o periodo de ejercicios.
– Fatiga crónica, que se presenta a largo plazo y, en general, de forma paulatina.” (pp. 173-174)

FOTO: FELIPE GUZMAN. SEVILLA, 01-02-2009. REAL BETIS - GETAFE.

FOTO: FELIPE GUZMAN. SEVILLA, 01-02-2009.
REAL BETIS – GETAFE.

En la línea de la clasificación anterior, este deporte ha vivido y vivirá siempre entre dos conceptos tradicionales de la Actividad Física íntimamente ligados a la fatiga: Trabajo y Recuperación. Respetarlos es algo que ha quedado claro en todo momento, porque siempre hemos visto la fatiga como ese gran enemigo que lastra nuestro rendimiento. Y en realidad, es así.

Para eludir o retardar lo máximo posible este concepto en competición, siempre se han planificados grandes pretemporadas físicas  y concentradísimas sesiones de trabajo buscando esa “buena forma” (a través de adaptaciones a las cargas), que sí que forman parte de la teoría de entrenamiento, pero que tienen una dudosa correlación con los resultados futbolísticos, y que son planificadas bajo el prisma de estructuras repetitivas, descontextualizadas y en muchas ocasiones dignas de deportes como el atletismo. Afortunadamente,  esto está cambiando.

 Hasta hace nada, eran muy pocos los entrenadores que buscaban optimizar el rendimiento de sus jugadores en situaciones de fatiga, y esto si se está demostrando como un concepto clave. Las situaciones de juego en un partido son tan diversas, que el jugador debe aprovechar al máximo todas sus estructuras en diferentes grados de fatiga, pues muchas acciones se realizan estando ésta presente, y también en muchas ocasiones tienen una repercusión directa con el resultado de un partido. Un jugador debe saber sacar el máximo rendimiento a sus acciones sea el minuto que sea y las condiciones en las que se encuentre. Y esto por supuesto también se entrena.

 Por ello, al  plantearemos ejercicios que para el futbolista puedan parecer “físicos”, debemos hacerle ver que lo más importante es la tarea real respecto al juego (un control, un pase, movimientos colectivos…), y su optimización. De este modo les  enseñaremos que no es un “físico con balón ” como algunos lo llaman, sino una tarea con un contenido específico muy grande y con mucha transferencia a experiencias reales de juego. El problema de esto es que hay que estar dispuesto a contextualizarlo, porque evidentemente es mucho más complicado darle trasferencia  al entrenamiento en condiciones de fatiga con respecto al juego real, que planificar las durísimas sesiones de entrenamiento que antes he señalado.

Imaginen la cantidad de partidos que se resuelven en los minutos finales a lo largo del año. Imaginen también  la ventaja que un equipo tiene sobre otro en igual estado de fatiga si uno sabe cómo sacar partido a ese momento del juego y el otro no.

Esto no es una utopía, sino una realidad que dará más soluciones a nuestros futbolistas a nivel individual y al equipo en su conjunto. Vamos a contextualizar el trabajo en esos estados de fatiga para poder sacar de ellos lo máximo posible, y ustedes mismos verán los resultados.

BIBLIOGRAFÍA.

  • Barbany, J.R. (2002). Fisiología del ejercicio físico y del entrenamiento. Barcelona: Paidotribo.
  • Apuntes “Máster en preparación física aplicada al fútbol”. Academia de entrenadores Futbollab.
  • Enlace original de la fotografía: http://beticos.sevilla.abc.es/photo/mark-gonzalez-autor-del

ROBERTO ARIAS

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física
y del Deporte. Entrenador Nivel 1. Máster
Preparación Física para el fútbol (Futbollab).
@FUTBOLDELACALLE 

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