22 Sep, 2018

En multitud de ocasiones, la determinada forma de jugar de algunos equipos a los que vemos (sobre todo los grandes equipos a nivel nacional), condiciona sobremanera las intenciones de muchos entrenadores que intentan buscar en su equipo ese modelo de juego que ven por televisión porque puede coincidir con su manera de entender el fútbol.

            La estética en esto del fútbol es un concepto muy ambiguo, ya que cada modelo llevado a su máxima expresión y desarrollo tiene connotaciones estéticas, y éstas, dependiendo del modelo resultan ser muy diferentes. En el momento en el que algo determinado exteriormente a nuestro propio equipo marque lo que queremos para nuestros jugadores, estaremos cayendo en un tremendo error.  Los tropiezos pueden ser enormes, ya que queremos  traer a nuestro contexto un contexto totalmente diferente, solo porque nuestra idea de juego se asimila a la de cierto equipo, y éste último ha obtenido resultados exitosos.

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            En todas las situaciones de la vida (salvo en algunas que sean muy estandarizadas), es imposible que dos situaciones se repitan exactamente de la misma forma, porque por muy sencilla que pueda parecer dicha situación, estamos sujetos a gran cantidad de condicionantes que alteran el resultado final, unas veces pueden provenir del exterior y otras veces vendrán de nosotros mismos. En el fútbol como en la vida, esto sucede de una forma muy parecida.

            Desde que el entrenador comienza con su temporada en el mes de Julio, debe empezar a tejer su modelo o idea de juego en base a los jugadores que posee, ya que son estos mismos los que  hacen y acentúan  el modelo. Si bien es cierto, un entrenador que tenga libertad para confeccionar la plantilla a su gusto, intentará fichar jugadores de acuerdo a su filosofía futbolística, pero los entrenadores que trabajan en estas condiciones son privilegiados  ya que rara  vez puedes confeccionar una plantilla entera y en la mayoría de las ocasiones hay que conformarse con darle las pinceladas o retoques que consideramos oportunos.

            Es por ello, por lo que todo entrenador que se preste debe entender que su equipo siempre será un ente único e incomparable, porque ningún jugador es igual a otro y ninguna suma de interacciones entre jugadores pueden dar como resultado comportamientos iguales. Estos mismos jugadores determinarán y serán el modelo en sí, ya que podemos fichar unos jugadores de un perfil u otro de acuerdo a una serie de ideas que tengamos, pero hasta que este no esté envuelto en el contexto que le rodea no sabremos realmente sus posibilidades de acción y de respuesta unido a otros compañeros.

            jemezEs por esto, por lo que muchas veces grandes jugadores no se acoplan a modelos ya establecidos o a las ideas de cierto entrenador, porque en realidad los jugadores no son piezas que se encajan perfectamente, y donde hay una, podemos quitar ésta y poner otra que el equipo funcionara igual. Éste es el típico caso de un jugador que está integrado totalmente en la manera de jugar y  que abandona el equipo, y donde la primera reacción es buscar un jugador que sea “igual”, creemos encontrarlo, pero este viene y el equipo no funciona o el jugador no funciona como creíamos. Cuando pasa esto, en muchas ocasiones es más fácil achacar al jugador que viene o alabar al que se fue, en vez de pensar que no hay dos jugadores iguales que se comporten de igual manera en el mismo entorno y que quizá haya que variar algo.

            De este modo, el entrenador debe entender lo que tiene, ya sea porque lo ha fichado él o porque se lo han dado impuesto. Comprendiendo esto, llevaremos mucho ganado a la hora de que nuestros jugadores sean capaces de interaccionar positivamente entre ellos, porque nosotros seremos capaces de dar las condiciones de entrenamiento necesario para que esto ocurra, ya que no hay un método estándar para jugar de una manera u otra, puede haber pinceladas o formas de entrenar que nos encaminarán hacia un tipo de fútbol u otro, pero siempre visto desde el prisma de que mi equipo y mis jugadores son a los únicos que debo  tener en cuenta para desarrollar nuestro modelo, el modelo que ellos me marcan y que ellos cada domingo pondrán en práctica.

            Quizá, en multitud de ocasiones lo que más cuesta a un entrenador es llevar a cabo ese modelo o mejor dicho, dar las condiciones necesarias de entrenamiento para que éste se pueda desarrollar en la dirección que nosotros queremos. Con esto me refiero a la creación de tareas de entrenamiento. Éstas deben ser únicas y creadas por nosotros, aunque está claro que habrá tareas de experiencias anteriores o que hayamos visto que nos sirvan, pero siempre adaptadas o guiadas hacia lo que queremos a día de hoy, con los jugadores que tenemos.

            Como todo lo que es de cosecha propia, trabajar de este modo nos llevará más tiempo y nos hará fallar en multitud de ocasiones, pero es la única forma de garantizar que estamos trabajando para nuestro contexto concreto, porque nadie mejor que nosotros sabe lo que necesita nuestro equipo, y por lo tanto es una tontería creer que si realizo las mismas tareas que un equipo X, mis jugadores y los de este equipo se comportarán de igual modo. Esto no ocurre así, como he dicho antes podríamos llegar a crear rasgos comunes entre equipos, pero mi equipo nunca será el equipo X, porque los patrones de conducta y la forma de interaccionar entre los jugadores de uno y otro equipo serán totalmente diferentes. Practicando este reduccionismo digno de entrenadores o filosofías que creen que lo saben todo o que han alcanzado la certeza para auto- convencerse ellos mismos, no solo estaremos entorpeciendo la capacidad de desarrollo de nuestro equipo,  sino que nosotros  seremos entrenadores vanidosos que pensamos que tenemos la verdad absoluta cuando en realidad lo que pasa es que no vemos más allá de nuestras propias narices.

            Por ello, y para concluir este artículo, un entrenador a pesar de tener una idea de juego, no puede estar cerrado y aferrado exclusivamente a ella, sino que deberá ser inteligente y actuar en consecuencia a lo que tiene en su contexto propio, sin que por ello varíe su idea inicial. La flexibilidad, en muchas ocasiones proporciona el éxito que nos niega la tozudez por querer alcanzar algo que nos funcionó anteriormente, y es por esto por lo que nuestro modelo debe ser flexible, porque cada jugador y cada equipo son totalmente diferentes, así como las situaciones diarias que nos encontramos. Es un reto importante, que por supuesto lleva mucho más trabajo y donde también se puede fallar, pero que nadie nos diga que hay que seguir algo preestablecido, porque si algo nos enseña el fútbol día a día y domingo tras domingo, es que precisamente, preestablecido no hay nada.

Roberto Arias.

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