22 Jun, 2018

El cielo y el suelo se emparejaron de nuevo, un terrenal de acciones situadas cerca de muy pocos, nos brindará en su casa un año más de actuaciones tan mágicas como difíciles de describir.

Juan Carlos Valerón, “El flaco” jugará otro año más en Primera Divisvaleron buenaión vistiendo la camiseta del equipo donde era sabido que algún día iba a volver.

Es complicado para los amantes del fútbol recordar a Valerón sin que casi al instante se te ponga un poquito la piel de gallina. La magia, la templanza, la fluidez… el mejor de los toreros hecho futbolista, al natural. Su fortaleza nunca ha sido física y realmente nunca la ha necesitado. Sin saberlo, partido a partido mataba el fútbol que entonces era moderno, el de esos futbolistas atléticos  a los que su cabeza siempre se les adelantaba.

Pero él no es solo eso, se diferencia aún más. Su rapidez mental en esos segundos de percepción – acción le otorgan un don natural que no se puede conseguir mediante el trabajo. Muchos futbolistas con excelentes capacidades decisionales, han necesitado equiparar sus cualidades físicas de una manera acentuada para que sus excelentes tomas de decisiones pudieran ser un elemento decisivo dentro de un juego que también se ha igualado mucho. Sin embargo, y aunque evidentemente requiera de un soporte físico adecuado para su desempeño, “El Flaco”, no necesitó hacer tal cosa al ritmo desorbitado en el que el fútbol se profesionalizó hacia la cultura del correr, porque su diferencia física se encontraba encima de sus hombros.

Por suerte a día de hoy,  la toma de decisiones parece que se asienta entre el fútbol como el elemento diferenciador y elemental, por eso,  él vuelve a estar otra vez al principio y al final del camino,  en primera línea de salida para que entendamos que eso nunca dejó de ser lo importante, por tozudos y prácticos que queramos ser,  siempre es el mismo el que te gana el partido. Si sus entrenadores no hubiesen valorado ese talento, o lo hubiesen sacrificado en pos de lo que dicen estadísticas, test y aparatos tan caros como en muchas ocasiones  descontextualizados,  el torero difícilmente nos hubiera brindado esas tardes mágicas de asistencias, apoyos, controles… tan de otro mundo que en ocasiones se mirará las botas buscando una explicación.

La poesía que expresa el fútbol se formó en la calle, como los instintos más primitivos de éste deporte. La improvisación, los partidillos adaptados, todo eso ya existía antes de que se inventaran los conos y las vallas, cuando la portería eran dos piedras y la cancha cada vez era un entorno distinto. Allí nació todo y es allí donde nunca debe dejar de practicarse. Valerón encarna esos principios de jugador espontáneo y fuera del marco natural de lo que ahora mismo configura el prototipo de futbolista. Es el más atlético de todos sin tener un cuerpo atlético, lleva muchos años siendo el más rápido sin ser el que más corre. El fútbol involucionó para después volver a donde estaba. Se inventaron los números y casi nos olvidamos del jugador. Ahora y por suerte, la resaca de generaciones atléticas donde correr era lo importante nos ha llevado a coger lo mejor de esa etapa para volver a primar al jugador virtuoso.

Muchos entrenadores quizá tengan la culpa de unas etapas y otras, siempre amparados por los resultados. Pero la mágica gambeta que levantaba a la gente de la grada, poco a poco se ha ido abriendo paso entre las piernas de unos defensores que eran cada vez más fuertes y más rápidos, pero que pensaban poco, hasta llegar a nuestros días. Con una “sistematización de la espontaneidad”, el fútbol de la calle ha vuelto para quedarse, y eso es gracias a jugadores que como Juan Carlos Valerón nunca se fueron, se resistieron a dejar ir la esencia del fútbol.

Roberto Arias.

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